26 ene. 2014

[Dustin]De amigo a hermano.

Notas:
-Ante todo, este relato es original y ha salido de mi enferma mente en un momento de aburrimiento que no me lo creía ni yo, así que cualquier cosa que suceda, o deje de suceder, los personajes, y todo contenido de esta cosa extraña y amorfa historia pertenecen enteramente a mi persona. He dicho.
Narrador: Dustin
Tiempo: Verano, pero actualidad (?)
Contenido para todos los públicos.
Disfrutad >w<
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Hacía solo un par de horas en las que Mimi había roto con su ahora ex-novio. La verdad es que no me hacía mucha gracia recordar que Mimi había estado con ese hombre al cual le habría amado y el cual la habría amado, en todos los sentidos posibles de la palabra. Y aún así, fui yo quien tuvo que enfrentarse a ese hombre para devolverle sus cosas, dando por finalizada, completamente, la relación que habría entre ambos. Era un tanto asqueroso tener que ver al hombre que había echo tantas cosas a la persona que más amo. Pero mucho ya no se podía hacer. Yo, había vuelto a casa y comprobé que mi cama estaba siendo ocupada por Mimi. La verdad es que verla dormir no era ninguna molestia, es más, era preferible por que así ella descansaba y, durante ese breve tiempo que ella dormía, no sentía el dolor de la ruptura con ese idiota al que un día llamó novio. Por otro lado, yo me centré en mis estudios. Dentro de nada tendría la prueba de selectividad y me estaba poniendo a estudiar a fondo, aunque tener a Mimi durmiendo en mi cuarto, hacía las cosas más dificiles. De todas formas, comencé a centrarme un poco más hasta que sin saber como, terminé dormido sobre los apuntes, agotado.



Pero es que sin saber ni como ni por qué, había despertado con Mimi en mis brazos, en la cama y agarrando su mano con suavidad. ¿Que había pasado? Por un momento esto me recordó a cualquier serie de televisión donde el chico tras una noche de borrachera se despertaba en una cama con una chica al lado a la cual no conoce de nada. Pero ese pensamiento se difuminó enseguida pues yo no había bebido, no era una chica cualquiera sino Mimi, y esta escena era similar a otra. ¿A cual? Hacía ya once años de ello. Desperté igual que ahora (solo que esta vez tenemos el plus del abrazo), tumbado al lado de Mimi y dandola la mano mientras ella dormía. Sonreí como un idiota al tener ese recuerdo que durante tantos años había atesorado como los más felices de mi infancia, en mi mente. Y encima, había tenido la oportunidad de revivirlo de nuevo. Yo dandola la mano y ella respondiendo el agarre, como cuando eramos niños. A cualquiera le sonaría estúpido, pero para mi era algo verdaderamente importante. Un hermoso recuerdo que me encantaría revivir siempre.

Suspiré un momento mientras atraía a Mimi más a mi pecho antes de darla un suave beso en la frente, los únicos besos que podía darla. Era frustrante solo poder darla besos propios de un hermano, era frustrante no poder darla un beso en los labios, aunque ya la había robado uno. De verdad, era frustrante no poder hacer todo lo que quería hacer con ella. De verdad, estaba odiando la friendzone. Mientras acariciaba el pelo de Mimi con suavidad, miré la hora y ví que eran las siete de la mañana. Me quedé un pcoo pensativo mientras seguía con esa caricia que pensaba que podría ser tranquilizadora. No sabía que hacer. Mimi estaba demasiado deprimida como para enfrentarse a su familia, así sin más. Y lo único que se me ocurría para animarla era repetir aquel detalle de hace once años, bueno, casi doce ya. Suspiré silenciosamente y separé mi mano de la de Mimi, lentamente para que no se diera cuenta de mi desaparición, y me moví sigilosamente fuera de la habitación, todo un logro pues a veces terminaba tirando algo por el camino.

Mi idea había sido brillante en ese momento. Si revivía ese detalle a lo mejor ella volvía a animarse, o a lo mejor no, pero la cosa es que no podía quedarme sin hacer nada. Por lo tanto, cuando me colé en la habitación que había catalogado de pequeño como la habitación de los juguetes, cogí uno de los baúles llenos de peluches y salí poco a poco de la habitación, llevandolo en brazos hasta la habitación. Fui dejandolos poco a poco sobre la cama, rodeando a Mimi recordando que de pequeño Matt me los había regalado para que jugara tranquilo y tuviera entretenimiento hasta que conocí a Mimi. Luego los peluches pasaron a un segundo plano pues tenía una amiga, cosa que no había tenido desde que nací. Coloqué la oveja a un lado mientras que dejaba frente a ella un peluche de conejito rosa. Su peluche de conejito rosa. Nunca me acordaba de como lo llamaba, pero la verdad es que si hacía feliz a Mimi ¿que más daba como se llamase? Así pues, arropada por los peluches, dejé a Mimi en la cama para coger el último peluche que quedaba en el viejo baúl, para colocarlo a un lado, pero ella se despertó antes. La miré desde mi posición viendo como cogía su peluche de conejito y sonreí mientras la miraba. No sabía que hacer pues mi idea era colarme a su lado en la cama cuando los peluches ya estuvieran a su alrededor, por lo que terminé improvisando un poco.
—¡Hola Mimi! ¡Hacía mucho que no nos veíamos!—dije imitando una voz grave mientras movía un poco el peluche de gorila. Ví como giraba el rostro para ver al gorila hablar y como luego me miraba a mi. Le dediqué una gran sonrisa mientras seguía con el juego del titere —Te he echado de menos—añadí mientras abría los brazos del gorila para que pareciera que quería darle un abrazo. Pero la gravedad jugó su papel y parecía más bien que se estaba oliendo el sobaco una vez la cabeza se inclinó.

Solté una sorda carcajada al ver lo ridículo que quedaba, y miré a Mimi esperando una risa, o algo. Pero de nuevo las lágrimas se asomaron por sus ojos. La ví esconder su rostro en el peluche y me senté a su lado, preocupado. Cuando la ví sollozar, retiré los peluches de su alrededor y la abracé.

—Si necesitas llorar, hazlo. Estaré aquí para todo lo que necesites, como hombro sobre el que llorar, almohada, cosa abrazable... Lo que necesites—dije mientras dejaba mi mano en su nuca y la acariciaba un poco el pelo. La noté pegarse más y como de nuevo empezaba el llanto tras un breve momento de tranquilidad. La dejé llorar hasta que se sintiera más tranquila. Y así pasó la media hora más larga de mi vida. Y que decir que me daba mucha pena verla así. Es decir, yo no me había puesto así por la ruptura de mis ex pero ella... si de verdad se sentía así era por que de verdad se habría enamorado de ese tio ¿no? Y yo en cambio... ¿no me había enamorado de mis novias? ¿Tan hipócrita había sido con ellas cuando me hicieron todas esas putadas? No quería creérmelo. La verdad es que no. Si, ellas me gustaban, es más, de verdad las ame... pero... pero amaba mas a Mimi a pesar de que ella solo me viera como un amigo. Era un poco estúpido quizás, un poco imbécil a lo mejor, pero... ¿y que? De verdad me sentía lleno cuando tenía a Mimi cerca y, aunque me había dado cuenta tarde ¿qué mas daba? La quería. La quería. La amaba.

Sacándome de mis pensamientos, escuché la voz de Mimi romper el silencio. La miré un poco confundido para luego comprender que se disculpaba por mojar mi camiseta. Casi me reí cuando lo hizo pues la verdad es que solo era un pijama, pero la acaricié de nuevo el pelo para restarla importancia. La limpié la cara con suavidad y hablé un poco con ella antes de verla dirigirse hacia la puerta. Le tocaba enfrentarse contra la familia. Suspiré y me eché el pelo hacia atrás mientras pensaba que podía hacer. Es decir, estaba más que claro que para ella no era más que un amigo, no sería nada más que eso, pero... pero... pero quería ser algo más. Quería ser más de lo que Victor había sido para ella. ¿Era tanto pedir?

Me levanté de la cama y caminé hacia la puerta de la habitación, asomandome para ver como todos los de la familia comenzaban a preguntar a Mimi sobre lo ocurrido el día anterior. Suspiré de nuevo y salí de la habitación tras cambiarme la camiseta, me puse junto a ella y la miré mientras el resto estaba demasiado concentrado en preguntar. Si no podía ser algo más que un amigo, al menos serviría de apoyo para ella.

Pero lo peor no fue ese día.

Después de dos semanas de discusiones, tras convencerla de que fuera a cenar de nuevo con todos, se armó la peor pelea que jamás había visto. Quizás Lorcan podría estarse callado algún día.

—Te lo dije. Pero no me hiciste caso. Quisiste seguir en esa relación por mucho que te dijésemos que no estaba bien, que no iba a acabar bien. Pero nooo... Tu estabas segura de ese "amor" y hiciste oídos sordos a nuestros consejos. Te está bien empleado. A ver si así aprendes a hacer caso a lo que te dice quien tiene mas experiencia que tú—dijo. Y por la cara que puso Mimi, supe que eso no le sentó para nada bien. Se ve que le había echo mucho daño que le recordasen eso y no era plan como para echarselo en cara. ¿Es que no tiene un poco de tacto? ¿es que no puede ayudarla en lugar de "desayudarla"? De verdad, es que no le entendía. Ví que Mimi perdía el apetito y se ponía pálida al escuchar las palabras, verídicas pero crueles, de su hermano mayor. Y este parecía estar con ganas de joderle la vida a Mimi, así que también le echó la bronca por ello. Y así, comenzó la disputa.

Matt les miraba preocupado pero sin querer meterse. Y sabía por qué. Si se metía en una de sus peleas, Lorcan siempre le decía que se metiera en sus asuntos y que les dejaran en paz. Cuando Matt solo intentaba ayudar, al principio de estas disputas, comprendió que no podía hacer nada y, viendo como agachaba la cabeza cada vez que les escuchaba discutir, sabía que no se sentía para nada a gusto con las discusiones en casa. En estas dos semanas había escuchado los gritos que se dedicaban después de las discusiones. Y en muchas ocasiones veía a Matt bajar las orejas de gato y alejarse del foco de la discusión. Incluso una vez se fue a dar un paseo a la linde del bosque para no escucharles. Quedaba más que claro que a Matt no le gustaban los gritos y menos los de la gente que le rodeaba (a menos esos gritos cargados de mala leche, por que estoy seguro que si escuchara gritar a Lorcan en otro contexto estaría encantado). Así pues, al final de la discusión de esa cena, estaba con las orejas muy gachas, las manos entre las piernas y los ojos cerrados. Pero ahí no terminaba.

Luci fue la que peor salió de esa última disputa. Ella estaba harta de tantas discusiones. ¿Que como lo sabía? Por todo lo que dijo. Gritó a Lorcan diciéndole que no tenía derecho a deprimir más a Mimi, que ella estaba pasando un mal momento y que si de verdad era un hermano mayor tenía que ayudarla y no echarla mierda y deprimirla más. Por otro lado, empezó a llorar por que Mimi había pasado los últimos ocho meses con Victor y ella había quedado desatendida. Obviamente ella estaba en una edad que quería que nosotros jugáramos con ella (aunque tenía once años, siempre habíamos jugado con ella y siempre habíamos estado a su lado) por lo que cuando Mimi ya no quería jugar con ella, pues Luci jugaba más con ella, esta se sintió verdaderamente triste y lo dejó notar. Pero ahí no acabó su bronca. La bronca seguía dirigida a Lorcan, diciendole que si seguía así iba a empeorar todo, que Mimi no volvería nunca como antes si en lugar de ayudarla hacía todo eso. La discusión terminó.. Luci lloraba y Mimi huía a su habitación. Lorcan echó la bronca a Luci por meterse en la discusión lo que provocó que el llanto de Luci aumentara. Y finalmente Matt se llevó a Luci tras mirar a Lorcan con cara inexpresiva. Supuse que esa noche, Matt no dormiría con él. Por otro lado, Lorcan se fue enfadado a otra habitación y quedé solo con mi padre y Marco, mirándonos sin saber que hacer y agachando la cabeza. No sabíamos como solucionar esto.
*

Desde aquel fatidico día habían pasado tres meses... bueno, quien dice tres meses, dice tres meses y algo. No sabía el tiempo exacto pues tampoco quería haberme pasado a contar los días, las horas, los minutos que no veía a Mimi. Ya me sentía bastante mal por no poder hablar con Mimi todo lo que quería, por no poder cruzarme con ella pues, verdaderamente, ella se había encerrado en su habitación y no había vuelto a salir desde la cena en la que se peleó con Lorcan. Y sabía que el echo de que ella se negara a salir no era precisamente bueno. Sobre todo por que Luci parecía insistir en querer que Mimi saliera de la habitación, pero Mimi o bien la ignoraba o la contestaba de muy mala gana, lo que hacía que Luci se encogiera un poco en sí misma y terminara alejándose muy despacio y muy lentamente de la habitación hasta acurrucarse a los pies de su hermano mayor, de Lorcan o a mis pies, como si fuera un pequeño gato. La reacción siempre era la misma, la cogíamos y la acariciábamos la cabeza hasta que pareciera que se tranquilizase y finalmente jugábamos un rato con ella.

Por otro lado, Mimi nos evitaba. A la hora de cenar, ella ya había cenado, a la hora de comer, ella había comido. Se iba más temprano que los demás al instituto y cuando volvía se encerraba en su cuarto y no salía de allí. Cuando iba al baño, iba en silencio sin que nadie se diera cuenta de su presencia. Era un poco frustrante y hoy ya quería verla de nuevo. Había decidido esperar eternamente si fuera necesario para poder hablar con Mimi, o para volver a verla. Pero ella no parecía dar el paso y no quería salir de la habitación. Por lo tanto hoy decidí ponerme en la puerta de la habitación y llamé.

"Toc"

Silencio.

"Toc-toc"

Silencio de nuevo. Suspiré.

"Toc-toc-toc"

De nuevo, me respondió el silencio. Gruñí un poco y puse morritos.

"Toc-toc-toc-toc"

Moví un poco la pierna, impaciente mientras esperaba a que me abriera, pero no lo lograba.

"Toc-toc-toc-toc-toc"

Me estaba empezando a frustrar a este paso. Miré hacia un lado mientras me cruzaba de brazos y esperaba, me miré las uñas y miré el reloj, y suspiré de nuevo.

"toc-toc--"

—¿Qué?—dijo una voz malhumorada. Miré hacia la puerta abierta y sonreí animado al ver a Mimi, a una Mimi cabreada, pero era Mimi. ¡Aleluya!

—¿Quieres salir a dar un paseo? Así te da el aire. Al menos, un paseo por los alrededores de la casa.— dije sonriendo mientras seguía con mi mirada fija en ella.

—No tengo ganas, Dustin. Sal tú.—me dijo sonriendo volviendo a entrar en la habitación. Parpadeé y me mordí un poco el labio antes de pararla.

—Vengaaa, que hace un buen día. Sólo un paseo, que te de un poco el aire. Por favor—supliqué mientras la miraba y hacía un puchero para intentar convencerla. Y finalmente lo logré. Una vuelta alrededor de la casa, como había prometido, pero lo logré.

La ví salir con una bata y estuve a punto de decirla que era un poco tonto salir con la bata ahora en pleno agosto, pero como ella no había salido en meses... no sé. Quien sabe, a lo mejor ella tenía frio o algo. Suspiré y la dí la mano mientras la guiaba hacia fuera. La llevé hasta la linde del bosque mientras hablaba un poco con ella con temas triviales y sin importancia y pasamos cerca de los acantilados sin acercarnos al borde en exceso pues sabía que ella se podría marear, o lo supuse. Finalmente, usamos su bata como asiento en la hierba y use esa escusa para retenerla un rato más. Comencé a hablar del tiempo, de cosas superficiales con el fin de que ella no volviera a su habitación.

—Hola guapiiiiiiiisima, cuanto tiempo sin verte—escuché de pronto a Carlos, a mi lado, sobresaltandome. Miré hacia Mimi y parpadeé sorprendido al verla rodeada de chicos, todos ellos mis amigos. Gruñí en bajo mientras los miraba con mala gana y bufé, pero parecía que no me hacían caso.

—Dios, me encantan tus mejillas. Pero estás más mona cuando las tienes rojitas.—dijo Arturo, el más bajito del grupo, pellizcando las mejillas de Mimi, estirandolas levemente y luego soltandolas, dejando su piel rojita por el tirón.

—Si no fuera porque soy gay, te llevaría ahora a ver las estrellas.—dijo de pronto Noah, al lado de Arturo. Hice morritos al ver que me ignoraban tal que así, y me quedé simplemente mirandolos.

—¡Oye! Que eso lo tienes que hacer conmigo —protestó Arturo.

—Creo que nos olvidamos de algo —dijo Carlos antes de que la parejita empezase una discusión.

—Cierto...

—¡Oh! Es verdad...

—Hola Dust —me dijeron los tres a la vez, empujandome y tirándome al suelo, separándome completamente de Mimi. Me quejé mientras hacía morritos y suspiré.

—U-uhm... hola chicos —dijo Mimi un poco cortada. Sonreí y solté una pequeña carcajada sorda.—¿Que hacéis aquí los tres? —preguntó cuando ella ya estaba a mi lado—No es que me moleste... es que... me sorprende veros fuera de casa —añadió. Eso hizo que todos se rieran un poco.

—¡Nuuuu! No vayas con el rubito, que el rubio es muy mala gente ——dijo Carlos dramatizando exajeradamente. Sonreí al ver que eso le hacía reir a Mimi y abracé un poco a Mimi.

—¡No soy mala gente! —dije dramatizando y soltando a Mimi, haciendome el ofendido, el muy ofendido.

—Cierto, es horriblemente malo —dijo Arturo siguiéndole el juego a Carlos, estando todos en contra mía.

—Pues a ver, Mimi, veníamos a buscar a Dust, pero te hemos visto y no nos hemos podido resistir a tus piernas, grr —añadió Noah haciendo que rodase los ojos. Por culpa de comentarios como esos, estaba dando a etender que todos los que eramos considerados "nerds" o "frikis" moriríamos al ver una chica de verdad.

—¿Os ibais a algún lado? —preguntó Mimi, cambiando de tema radicalmente.

—¡A la playa!—contestó Carlos ilusionado como un niño pequeño. Sonreí divertido y negué con la cabeza.

—Tío, ni que nunca hubieras visto la playa, vivimos al lado —respondió Arthuro tan divertido como yo ante su reacción.

—Es lo que tiene que el pobre sea hiperactivo —dijo Noah sin darle más importancia al tema.

—Me gusta la idea de la playa. ¿Te vienes, Mimi? Por fi, por fi —pedí mientras sonreía como un niño pequeño. Mi sonrisa se ensanchó al cuando la ví que conseguía que sonriera un poco.

—Lo siento, pero no tengo ganas. Id vosotros y pasarlo bien —Mis ilusiones desaparecieron de golpe al escuchar eso. Puse un puchero mientras la miraba. No quería una negativa de ella, prefería que me dijera que si, aunque sonara estúpido. Quería escuchar un sí de sus labios, viendo que poco a poco se animaba. Pero si se negaba..... —estoy en pijama —añadió sonrojada. Dando a entender que podría venir. Sonreí de nuevo y quité mi carita de cachorrito abandonado.

—Te esperamos —dijimos los tres, viendola. ¡Vendría! Eso era un gran paso ¿no?

Pues no.

Nos había engañado. Mientras esperabamos y veía el tiempo pasar, me daba cuenta de que de verdad nos había engañado. Ví como mis amigos se acercaban a la ventana y yo me tumbé bocarriba en el suelo, cerca de la zona de los acantilados, mirando las nubes. No miraba nada en particular, solamente el cielo. Si de verdad supiera como animar a Mimi....

¿Por que no podía hacer que Mimi viniera? ¿De verdad amaba tanto tantísimo a ese hombre que era incapaz de ver nada más? ¿Tanto que era incapaz de ser feliz si no era con él? De verdad... a veces pensaba que debería haberle dicho a ese idiota de su ex que volviera con ella, aunque lo que más quería era estar yo con Mimi. Pero si era incapaz de llevarla a la playa ¿como iba a ser capaz de hacerla feliz? Me llevé los dedos al puente de la nariz, apretandomelo, intentando calmarme poco a poco pues parecía que en cualquier momento terminaría deprimido. Era un poco frustrante, para que negarlo.

Pero por suerte o por desgracia, de pronto empecé a oír voces. Me senté en la hierba y vi a Mimi temblando, cosa que me asustó casi demasiado. Me mordí los labios y me levanté, acercándome a ella y escuchando escasamente lo que decía Carlos. Miré a mis amigos un tanto confuso y negué con la cabeza antes de agacharme y mirar a Mimi, sin tocarla.

—Mimi.... —la ví como se abrazaba a si mismo y como poco a poco dejaba de temblar —has vuelto a casa... pero todavía no estás aquí. Todos en casa te echamos de menos. Por favor Mimi —dije antes de verla comenzar a sollozar. Me mordí el labio y seguidamente la escuché.

—Está bien.

*

El sol, la arena, las olas, el mar, la playa. Sonreí al poder estar allí no solo con mis mejores amigos sino también con Mimi. Realmente me hacía mucha ilusión, quizás demasiada, el poder estar en la playa con ellos, siendo ellos y Mimi de las personas que más quería, así que la playa la iba a disfrutar bastante, esperaba.

Comencé a caminar tranquilamente, notando como la arena se colaba entre los dedos de mis pies, cuando de rponto noté como la arena salpicaba mis piernas a causa de la carrera descontrolada de Arturo. Mientras corría, su ropa iba saliendo disparada por los aires, cosa que causaba ante todo gracia, y sobre todo si se veía a Noah detrás cogiendo las prendas de ropa al aire, exceptuando el bañador, claramente. Por otra parte, pude ver como Mimi se dirigía a la orilla y miraba hacia otro lado cuando Arturo pasaba a su lado. La vi perderse poco a poco en el mar y sonreí un poco como un idiota al verla así. De verdad, me resultaba demasiado hermosa. Tanto que podría quedarme horas y horas mirándola que no pasaría nada. Pero claro, tenía mejores amigos para algo y estaba seguro que Carlos me "llamaría" la atención mientras yo seguía embobado. Y así fue, me dio un codazo en el costado mientras iba a dejar algunas cosas debajo de la sombrilla que Noah ya había colocado. Dejé las cosas con cuidado y guardé una toalla para secarnos mientras que dejaba el resto en el suelo por si alguien quería tomar el sol. Cuando me dí la vuelta para ir a hablar con Mimi, me topé con Carlos que me había cogido de las manos y empezaba a dar vueltas a mi alrededor. Me hizo dar un par de vueltas y me terminé mareando un poco hasta que finalmente, con la torpeza que me era característica a la hora de bailar, terminé cayendo de bruces contra el suelo, cubriendo mi cara totalmente de arena. Me levanté y me sacudí la arena de las orejas y puse una mueca al notar tanta arena pegada a la piel de mi cara. Ví de lejos a Carlos comenzar a habalr con Mimi y bufé mientras me sacudía la cabeza entera. ¿Por que había echo eso? ¿Es que pretendía dejarme en ridículo delante de todo el mundo? Cuando ya estaba en pie, suspiré y me sacudí la arena del pelo a la par que me acercaba a Mimi. Carlos por su parte, se fue con los demás mientras yo me quedaba al lado de Mimi, la sonreí y la toqué un poco el brazo, con suavidad y quizás algo de miedo por lo que había acontecido un rato atrás.

—¿Estas bien? —pregunté con cierto deje de preocupación —diviertete un poquito —añadí con una sonrisa, más que como una opinión, una petición. Si ella se divertía, olvidaría a ese imbécil que tanto daño la había echo durante estos meses y sería, aunque fuera, un poquito más feliz. Sonreí cuando me asintió a lo de que si estaba bien, pero me quedé un poco preocupado al verla una expresión tan sumamente serena. No sabía por qué, pero no me daba muy buena espina. Me separé un poco de ella, mirando al agua y luego mirando a Mimi y noté como de pronto me empujaba. Me tambaleé con sorpresa hacia atrás, viendo que la caída era innevitable, y la tomé del brazo con la frase de "si me tiras, caeremos juntos". Y eso hicimos. Caimos.

Mi cara quedó completamente sumergida en la caída y tuve que subir un poco la cabesza para al menos respirar un poco. Al abrir los ojos me encontré a Mimi sobre mi y, no es que no hubiera notado su cuerpo pero, quería corroborar que era cierto, que era ella. Sin razón alguna, de mi garganta salió una risa, sobre todo al ver como la expresión de enfado que ella pretendía hacer, se esfumaba para dar paso a una risa alegre y divertida. Eso era lo que quería conseguir hoy, que ella se divirtiera. Que ella sonriera. Y eso, que decir, me gustaba. No pude evitar sonrojarme un poco, eso si, por que era ella quien estaba encima, es decir, era la persona que más amaba la que estaba encima, por lo tanto mi mente maquinaba cosas un poco... quizás peligrosas para la situación.

—¡¡Iros a un Hotel a hacer esas cosas!! —dijeron de pronto mis amigos rompiendo lo que podía haber sido un momento precioso entre Mimi y yo. Y lo peor, lo que llevó a que mi memte imaginara cosas que quizás no habría pensado por mi mismo, es decir, lo que hubiera pasado si estuvieramos en un hotel.

Mis propios pensamientos me llegaron a asustar, es decir, ¿estaba pensando en hacer mia a Mimi? Eso normalmente no lo pensaría, al menos estando algo cuerdo. Peero como dije, mis amigos parecían expertos en joder lo que podrían ser bonitas situaciónes por lo cual, me separé un poco de Mimi para que no notase esa cosa creciente que estaba entre mis piernas y sonreí con cariño.

—¿Te puedes quitar de encima, por favor? —pedí algo sofocado mientras miraba hacia otro lado. Cuando ella se quitó, me fui hacia la toalla antes de que nadie me viera o se me notara nada y me tumbé bocabajo, quejandome un poco en silencio por como tenía que colocarme para que no se me notase.... "eso".

Escuchaba de lejos conversaciones, la voz de Carlso dirigiendose a Mimi, y la de Noah también, quizás asustandola un poco a proposito para que no se preocupara por lo que sea... o que pensara en el motivo de su gran depresión. La verdad es que tampoco quise prestar mucha atención. Confiaba en mis amigos tanto como para saber cuando iban de broma y cuando iban en serio y por mucho que se le llegaran a insinuar a Mimi, sabía que no la harían nada.

Pero en fin, el caso es que con este sol me estaba entrando un poco de morriña así que cerré un poco los ojos antes de escuchar pasos acercandose a mi. Pensando que sería algun paseante de la zona, lo dejé pasar sin mirar en ningún momento, hasta que fue la voz de Mimi la que adornó mis oidos como dulce y hermosa música.

—¿Dustin? ¿Te he echo daño? —escuché que preguntaba preocupada. Sonreí un poco y negué con la cabeza, girando mi rostro hacia un lado para verla.

—Tranquila Mimi, no me has echo daño.

—¿Seguro?

—Seguro. Solo quiero tomar el sol, dije sin dejar de mirarla. La noté como se abrazaba las piernas y de haber podido estar sentado la habría abrazado.

—¿Te has enfadado? Siento haberte tirado al agua... ¿me perdonas?

—No estoy enfadado, Mimi.... —dije negando con la cabeza.

—¿Entonces por que te has ido así?

—Por que Mimi... sabes que soy hombre... ¿no?

—Si... ¿y que?

— Pues que los hombres tienen reacciones... en el cuerpo... —me sonrojé un poco y negué con la cabeza —No importa. Tranquila, no hiciste nada malo —dije volviendo a mi posición inicial, pensativo e intentando desviar mis pensamientos de las reacciones que me provocaba Mimi.

—¿Entonces te bañas conmigo?

—Claro —dije mientras sonreía. La ví sonreir ampliamente y casi empiezo a reirme con ella. De verdad, es que era realmente adorable, tanto que me daban ganas de besarla y abrazarla ahí mismo. Pero seguía sin poder dar a conocer mis sentimientos hacia ella, lo que hacía que fuera totalmente imposible que me declarara y por tanto hacía imposible la situación que pululaba por mi mente.

Así pues, la ví entrar en el agua y entré tras ella con rapidez pues la verdad es que seguía sin poder... mostrarme totalmente en publico, digamoslo así. La ví bucear un poco mientras llegaba a su altura y cuando salió del agua, como venganza a que me tirara al agua, comencé a salpicarla. Ella se defendía como podía, me salpicaba malamente mientras yo la saplicaba a ella. Así continuamente hasta que me cansé un poco y la cogí como si fuera una princesa. Sonreí divertido y la agarré con fuerza. Encagaba en mis manos y, aunque parecíera extraño, eso me hacía ilusion.

—Coje aire —la dije mientras la agarraba un poco más fuerte.

—¡Coje aire, pequeña! Experimentarás lo que es volar —dijo Carlos mientras sonreía divertido. Sonreí con él y luego miré a Noah, que se acercaba con Arturo.

—Dustm llevatela a una zona un poco más cubierta, no la vayas a escalabrar —bromeó Noah, aunque por la reacción que tuvo Mimi, pude adivinar que mucha gracia no la hizo.

—Eso, eso. Y no aproveches para tocarla en zonas que no tienes que tocar —añadió finalmente Arturo. Me uní a Mimi y con ella giré los ojos, poniendolos en blanco. No me iba a aprobechar de eso. ¿Que pasaría con la confianza que ella tenía en mi? La echaría a perder en un momento, en un instante.

—Mimi, no te pasará nada. Estoy aquí para protegerte —dije sonriendo tranquilizadoramente, intentando que ella se relajara aunque fuera solo un poco.

—¿Qué vas a hacer?

—Voy a lanzarte al agua. Como si yo fuera un trampolin o un muelle. Pero tranquila, será en una zona más profunda que esta. Sino pues te llevo así por toda la playa —bromeé lijeramente, aunque sí que me apetecía llevarla así por toda la playa.

—Dustin, dejame en el sielo, por favor —dijo, haciendo notar su incomodidad.

—Vamos, Mimi, te prometo que luego haré lo que me pidas... es más, ni te voy a empujar, solo salta —insistí. Pero parecía no querer dar su brazo a torcer.

—¡No! Bájame —me ordenó.

—Mimi... que estamos en el agua... no pasará nada —dije mientras la dejaba poco a poco en el suelo. Hice una mueca triste al ver como se iba de nuevo a la orilla y suspiré.

—Mira lo que has echo, conejito. La has asustado, muy mal —me reprochó Carlos mientras me daba un golpe en la nuca.

—Quizás si alguien no hubiera dicho que podría escalabrarse...

—Culpa mía —admitió Noah mientras que jugaba con Arthur a lo que yo quería jugar con Mimi. SUspiré y escondí la mitad de mi rostro bajo el agua, dando leves saltitos en el agua cada vez que venía una ola para que no se me viera el rostro más de lo que quería.

Me puse a dar vueltas por la zona de la playa mientras los demás parecían estar pasandoselo en grande, y me dieron ganas de suspirar.

—Tío, no puedes dejarlo así. Te gusta ¿no? Pues lanzate a ella —dijo Carlos agachandose a mi altura y poniendose a mi lado.

—Pero Carlos, mírala. Sigue pensando en su ex.... ¿no ves que está claro? Sigue enamorada de ese tipo y por mucho que lo intente no puedo competir contra ese tio....

—Si que puedes... por favor ¿tu la abandonarías?

—Claro que no. Pero si ella es feliz con otra persona... prefiero que sea feliz antes de retenerla y hacerla infeliz. Por favor, ¿viste lo que la hice? Soy horribel —dije demostrando que mi autoestima estaba bajo suelo.

—Mira, todo el jodido mundo comete errores. Tú cometistes dos errores super importantes, lease, tus ex —dijo poniendo morritos y  mirandome un poco cabreado —así que en lugar de dejarla marchar, ve a por ella, joder —añadió mientras miraba a Mimi y luego suspiraba mirandome a mi. —Dust, ¿Eres gilipollas o que te pasa? Ve a animarla, ¡haz algo!

—¿Va a servir de algo? Llevo tres meses intentando animarla, intentando que salga de su habitación y ahora que lo consigo, vosotros la asustais secuestrandola y tratandola como un objeto sexual. ¿De que vais? —dije mientras le hacía un corte de manga a super feliz de carlos. Salí del agua y me acerqué a Mimi haciendo una lijera mueca. —Mimi, lo siento mucho.

—No te disculpes Dustin. He sido un poco borde, lo siento —dijo mientras se acercaba y me abrazaba, y la abracé con cariño mientras la acariciaba un poco la espalda. Me sonrojé un poco cuando me besó en la mejilla y la ví alejarse de mi para buscar la toalla. Me quedé un poco en shock ante el beso, que había sido algo verdaderamente inesperado y respiré hondo antes de sacudir la cabeza y acercarme a ella.

—No fuiste borde, quizás fui demasiado insistente —dije agachando la cabeza, pero cambié de tema—Dime ¿quieres un helado? —pregunté mientras la miraba. Ví su rostro sorprendido y luego sus ojos llenos de ilusión.

—¡Claro! —respondió mientras sus labios se curvaban en una hermosa sonrisa. Eso hizo que en mi rostro se formara otra sonrisa igual de ilusionada y la dí la mano para ir al chiringuito a comprar los helados. Estaba muy feliz de poder estar con ella así, aunque solo fuera dandonos la mano para ir a por unos helados. Aunque no fuera nada serio...—¿No compramos para los demás? —preguntó mientras apretaba el paso y se ponía a mi lado. Eso, me sacó un momento de mis pensamientos dejandome un poco.... digamos perdido. Analicé su pregunta y miré hacia mis amigos los cuales parecían entretenidos con sus cosas y no estaban centrados en nosotros.

—Errr... Nop. Si quieren algo que se lo compren ellos —dije serio antes de escuchar la risa de Mimi, cosa que hizo que se escapara una pequeña risa.

—Eso es cruel, Dustin. Al menos comprémosles una bolsa de pipas —dijo mientras se reía y se enganchaba a mi brazo. Me reí un poco y me sonrojé lijeramente al pensar que así podríamos ser confundidos por una pareja.

—Nah. Así no libreamos también un rato de la parejita, que a este paso les saldran corazones de la cabeza por estar tan acaramelados —respondí mientras llegabamos al chiringuito y miraba hacia ellos. Verdaderamente me sentía un poco celoso de que ellos pudieran estar juntos y yo no pudiera estar con Mimi.... Era un poco injusto el no poder estar con la persona que más amaba por mantener mis sentimientos en secreto.

—¿No quieres estar con ellos? —preguntó Mimi sorprendida. La miré y me encogí de hombros, contestando sin pensar:

—No. Me recuerdan que yo no puedo ponerme empalagoso con la chica que me gusta y me frustra. —dije suspirando. Y luego, como buen chico inteligente, fue cuando pensé. Si, ahora pensaba, ahora me daba cuenta de lo que había dicho y me sonrojé. Carraspeé intentando quitarle hierro al asunto y miré la carta del chiringuito para pedir.

—Oh... Así que tienes una chica en mente —dijo con cierto toque de curiosidad y picardía mientras me daba un codazo en el costado —¿Por que no me lo habías dicho? Y quiero el helado de chocolate. —añadió al final con una sonrisa.

—Erm... porpor que es complicado —contesté mirando al camarero y pidiendo su lehado de chocolate y mi granizado de piña —No es tan fácil decirlo... —dije con la cabeza gacha y sonrojandome un poco más.

—¿Es un hombre?

—Por suerte, o por desgracia, eso nunca lo sabré; no tengo los mismos gustos que nuestra familia —respondí un poco confuso. ¿Que tenía eso que ver? Ella era una mujer, no un hombre...—¿No te interesa quien es? —dije riéndome y me negué cuando me ofreció el helado de chocolate —Soy alérgico a los lácteos, ¿recuerdas?

—No, no me interesa —dijo haciendo que me desilusionara un poco. —Oh... cierto... Lo siento...

—Oye, tranquila, que no pasa nada —dije restandole importancia a lo del helado, pues verdaderamente no me importaba mucho. La dí la mano de nuevo y sonreí —¿Por que no te interesa? Lo mismo la conoces y todo.

—Prefiero no saberlo —dijo mientras se encogía de hombros y se comía el helado con rapidez. Abrí la boca para decir que ya se la presentaría, si es que conseguía encontrar a una chica que quisiera ser mi novia, pero recibi una bola de barro por parte de Carlos, el cual casi me tira el granizado.

"Como te rindas te ahogarás en barro. Insiste, joder" me dijo, o entendí, que me decía Carlos en signos. Suspiré y acaricié el dorsod e la mano a Mimi. Sonreí y agaché un poco la cabeza. Era hora, era el momento... si no lo hacía ¿qué más oportunidades tendría?

—¿No querrías saberlo incluso si esa chica fueras tú? —pregunté evitando su mirada.

—¿Eh?

—Que la chica que me gusta, eres tú —dije mirando hacia otro lado. Se hizo el sulencio por un momento y me mordí el labio nervioso. Noté como su mano se soltaba de la mía y miré a Mimi.

—¿Qué?

—Eso... me gustas tú, Mimi.—dije mirandola a los ojos—Desde hace mucho la verdad. No me había dado cuenta antes por que...bueno, no lo se. Pero llegó un momento en el que me dí cuenta de que no quería estar con nadie más que no fueras tú... Pero tu no querías estar conmigo. Intenté superarlo, intenté buscar a otra persona, pero tu siempre has sido el centro de mis pensamientos. Siempre, siempre me he preocupado por ti más que por otras personas. Desde hace tiempo eres solo tu la que ocupa mi corazón y tuve que engañarme a mi mismo para intentar dejarte ser feliz, pero no puedo Te veía tan feliz con él, ah.... demasiado feliz. Me daba cuenta de lo mucho que él te estaba haciendo, de lo feliz que eras con él mientras que yo no conseguía nada para ello. Cuando me dijiste que habíais roto... me alegré, un poco. Por un momento pensé que podría conseguir que me quisieras, pero sigues enamorada de él. Lo noto en tus actos, en tu mirada. El es el centro de tus pensamientos a pesar de que todo. —suspiré y me eché el pelo hacia atrás. Ví como ella evadía mi mirada— Muchas veces he pensado en preguntarle a ese tipo por si quiere estar contigo de nuevo, por si quiere estar a tu lado, pero no me atrevo por que tengo miedo a perderte. Quiero tenerte a mi lado. Siempre. Quiero abrazarte, quiero... quiero besarte y quiero poder decirte que te quiero, que te amo, siempre que te vea. Quiero poder decir que eres mi principessa, que eres la chica que más amo en el mundo sin tener que guardármelo para mi. Mimi... eres tu la chica que más me gusta. Eres tu la que ocupa mis pensamientos y con la que quiero estar en plan cursi como lo están Noah y Arthur. Te quiero a ti. Te amo, Mimi Marcotti. Por favor... sal conmigo, Mimi.... —me mordí los labios y agaché la mirada tras haberme abierto tanto para ella. Estaba... asustado. ¿Qué pasa si ella decide que es mejor que no volvamos a ser ni amigos? El miedo de que desapareciera de mi vida, era mayor del que podría imaginar nunca. La escuché sollozar y me preocupé por ella, agachandome un poco para verla mejor.

—¿Por que? —preguntó haciendo que la caricia que le iba a dar se detuviera. Agaché de nuevo la mano, escondiendola en mi espalda y contesté:

No lo se. Solo sé que eres tu. Solo sé que cada vez que te veo mi corazón da un vuelco, que cada vez que te toco, para darte la mano, tengo miedo de hacer algo mal, de hacerte daño. Solo sé que me haces perder la cabeza, que haces que haga cualquier cosa solo para ver una sonrisa adornando tus labios. No se explicarlo por que no hay nada concreto que me guste de ti. Simplemente... me gusta todo. Amo verte feliz, pasándotelo bien, sonriendo, burlándote un poco de mis amigos, incluso burlándote de mi. Simplemente... no hay ningún por que. Solo te amo. ¿No es suficiente? ¿Tengo que tener una razón para que mi corazón lata por ti? No hay nada ni nadie que pueda explicar la enorme alegría que siento cada vez que veo en tu rostro una sonrisa, una mueca. Un todo, pues simplemente con verte, siento que mi mundo está en orden, y me siento con fuerzas para no detenerme, seguir adelante y... llegar un día a ser un buen hombre.

Me quedé en silencio, asustado todavía, y noté como se acercaba a mi y me abrazaba. Lo siguiente que pasó... lo recuerdo muy vagamente. No escuché sus palabras, o no quise escucharlas. O mejor, no quise recordarlas. Pero sabía lo que me estaba diciendo. Me decía que jamás me había visto como a un novio y sentí como si un puñal me atravesara el pecho, como si una vez estuviera dentro de mi, en lugar de salir se retorciera haciendo que perdiera el aire. Me quedé quieto, en shock experimentando esos sentimientos tan sumamente dolorosos.

—¿Eh? —quise preguntar confuso, dolido, asustado. 

—No puedo salir contigo, Dust. Lo siento mucho. Eres... eres un hermano para mí... nada m ás —dijo. No la mire, no la vi. Solo escuché y sentí como la herida se abría más que nunca. Mi respiración paró durante unos segundos y tomé aire muy profundamente intentando pensar otra cosa, intentando animarme a mi mismo, decir que sabía la respuesta, aunque la esperanza que sentía había sido completamente aplastada y mutilada.

—Tranquila... no importa. Lo importante es que seas feliz —dije mirandola mientras sonreía como buenamente podía. Le limpié las lágrimas que se asomaban por su rostro y la revolví un poco el pelo —no llores Mimi, no llores.

Después de que se tranquilizara, volvimos con los demás, pero yo no podía estar con ellos. Si de verdad quería llevar la sonrisa de "no me pasa nada" tendría que tranquilizarme, tendría que relajarme para que no pasara nada que no quisiera, para que todo volviera a la normalidad sin miedo. Así pues, me alejé de la playa, pensando, meditabundo, en qué hacer conmigo mismo. Durante breves instantes pensé en ir a casa del retrasado del ex de Mimi y decirle que volviera con ella, que se disculpara, que ella jamás le había puesto los cuernos conmigo, que ella le amaba demasiado, tanto que seguía sin poder olvidarle. Pero no lo hice. ¿Por qué? Por que si de verdad la quisiera tanto, el iría a verla, a decirla que se animara. No sé, quizás sería un poco más... más dulce con ella. 

Arg, ¿pero que estoy pensando? La verdad es que no tenía ni idea de lo que me estaba psando. Tanto me dolía el pecho que pensaba incluso en desaparecer, pensaba que lo mejor que podría haber pasado era no estar aquí, haber dejado a Mimi tranquila y ella hubiera sido feliz con ese profesor que tanta tirria le tenía. Que ella podría estar sonriendo y.... arf. Era frustrante. De un amigo, había pasado a un mejor amigo. Y de un mejor amigo había pasado a un hermano. Nunca, jamás estaría al alcance de poder ser amado.

—Hey Dust —escuché la voz de Carlos a mi espalda. L emiré y ví como en nuestro sitio solo quedabamos nosotros, Mimi se había ido. —Creo que es mejor que te despejes un poco. Vente unos días conmigo a Mayorca, te olvidarás de los problemas durante un tiempo —añadió mientras me ponía una mano en el hombro.

—Si... será lo mejor —dije mientras agachaba la cabeza y daba una patada a la arena.

1 comentario:

  1. Estarás orgullosa. Has escrito exactamente lo mismo que te escribí yo pero cambiando el personaje. Que maravilla. Bravo.

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